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Foto : Nathalie Michel |
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No
hay nada como una casa en la que la puerta, una vez abierta, le da
acceso al bosque, para apreciar la naturaleza desde la más tierna
infancia. Un bosque que un niño se recorre cada día con el fin de
conocer el menor de los escondrijos, los nidos de las aves, los
charcos de los tritones, las madrigueras de las "brochas" e incluso
a veces hasta donde se bautizan los árboles...
¡He aquí el universo en el que crecí, aprendí y aprecié a la señora
Naturaleza, con gran ayuda por parte de mis padres! Esta ventana a
la vida salvaje, me ha envuelto rápidamente guiando así mis pasos
hasta los estudios en Ecología y Gestión de los Espacios Naturales.
¡ Luego desde un punto de vista más profesional, como guía
naturalista a la Liga para la Protección de las Aves, pude
transmitir una parte de mis conocimientos y sobre todo hacer acopio
de ellos!
Despues de una invernada de 15 meses en el Continente Antártico en
la base francesa Dumont de Urville en Tierra Adélie, compreendi que
sólo los grandes espacios salvajes me inspiraban y me aportaban
calma y serenidad. Poco tiempo después, me hallo en el Spitzberg,
luego en la Península del Océano Antártico, en Georgia del Sur, en
las Islas Malvinas, en las Islas Shetland del Sur y en otras muy
pronto.
Es un poco por esta pasión por Los Polos que tengo la posibilidad de
recorrerlo 2 veces al año como guía naturalista y conferenciante,
que quiero transmitirle a través de este sitio web, mis imágenes y
mis cuentos...
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